|
El descubri- miento de Iván fue pura casuali- dad, no él sino las circunstan- cias. La familia de Iván no era futbolera, sólo su padre jugaba de delantero en el Juventus de Santo Domingo, lo que hace muy rara su incursión. Esta situación se remonta entre 1970 y 1983, aproximadamente. Aunque gente que lo conoció y lo vio jugar dicen que era un jugador muy técnico, dominaba muy bien el balón y acertaba en los tiros libres fuera del área. Además lo comparan con Iván en su personalidad ya que mencionan que era introvertido, tranquilo y callado.
Mientras su padre estuvo vivo le enseñó a jugar. Ante esto, Iván al no tener hermanos y vivir con adultos, encontró en el balón a su compañero, su confidente. Hoy es su compañero de trabajo, el que lo ha llevado a triunfar por las canchas del mundo. Los indiferentes animales y la exuberante vegetación que rodeaban la Hacienda Tanti fue fiel testiga de los primeros pasos de Iván.
Ya muy niño sintió esa pasión por el fútbol corriéndole por las venas y así integró varios equipos infantiles de su pueblo, como el Audaz, Adac, Tres de Julio, Los Chavos, Sport Colombia y Talleres a la par que estudiaba en la escuela Pío XII del que era seleccionado escolar en el equipo que dirigía el profesor Sabú Santillán, su primer maestro.
De esa época le queda un recuerdo que lo acompañaría toda la vida, su apodo de "Nine". La historia cuenta que una vez llegaron a Santo Domingo profesionales extranjeros que regalaron los uniformes a un equipo infantil para jugar un torneo de la zona. La camiseta no tenía los tradicionales números en la espalda, sino que éste era escrito con letras y en inglés. Iván era delantero y usaba el 9 (Nine). Así sus compañeros lo llamaban. "Nine pasa el balón. Nine esto, Nine el otro." Y se quedó con Nine para siempre.
Ya con ese amor por el fútbol, Iván ingresó a jugar en equipos de divisiones menores, siempre jugando en equipos mayores a los de su edad. Cuando Iván había cumplido 13 años, un día estaba jugando en su pueblo cuando un señor le preguntó si es que quería jugar con la selección sub-17 del Ecuador ya que tenía un partido contra el Sport Colombia (equipo de la ciudad) a las 3 de la tarde. La tarde llegó e Iván se dirigió hacia el estadio Oswaldo Pacheco y al rato de ingresar lo impidieron ya que lo veían muy chico como para jugar en la selección pero luego se aclaró el problema e ingresó, el estadio se encontraba lleno. Iván demostró su categoría y marcó dos goles, la gente que lo vio dijo que definitivamente iba a jugar algún día en un equipo pero Iván no le presto mayor atención.
Así vivió su juventud Iván, tranquilo y sin ningún apuro de ser futbolista como es el caso de otros que se obsesionan por serlo quitándose concentración y futuro. Cuando se le presentó la posibilidad la aprovechó, ingresó a Emelec por casualidad y ahora es una estrella.
Definitivamente nació para el fútbol, no hay apuro para los grandes, el destino se encarga de presentar las oportunidades y cuando se las ha presentado a Iván, ha tratado de aprovecharlas y aprender de cada una de las experiencias vividas.
|